voy a espantar a las moscas con los últimos cigarros de la existencia armada. en el catastro catastrófico de mis días y estas noches. el regalo de las sonrisas esconde el asesinato múltiples de las arterias necróticas de estos latidos.
al llevar la marca desastroza es una cuerda la que desentona y muere. no hay canciones, amor, ya no hay canciones. no hay versos, amor, no hay versos.
ahora que te vas. soy yo el que miro sobre mi hombro. es este invierno de Santiago y la humedad del río que acaricia mis pies. volveré a los escenarios en donde vi la victoria para ir una vez más por las derrotas de siempre. esas derrotas que me han hecho el que soy. lo adiviné alguna vez en la depresión intermedia, ahí donde descubrí tus pasos. ahí donde canté alguna vez para ti.
ahora quedo mirando a las moscas que coreografían una despedida inútil. ahora el sol tímido no puede secar mi ropa ni calentar mi espalda.
no podré tomarme de tu cuello, no podré morder tus fronteras. no podré sentirme un superhombre, no podré descubrir nuevas ciudades, ni silbar canciones desconocidas, ni bailar en atardeceres inexistentes.
podemos volver sobre las sábanas, recordar alguna vez los nuevos colores. las cortinas abrigarán mi tristeza y mi rabia. entenderé que la historia no es justa, que sólo es como es. que los estados intermitentes son la única aspiración posible. que los pequeños segundos, las pequeñas muertes son parte del colorido clorofílico de este cortejo fúnebre.
nos alcanzó el postre. nos despedimos en el mes que me da la vida. me despido de estos cielos. me olvidaré de algunas horas.
y si esta es una pesadilla, vuelve con el metal desprovisto de teflón. vuelve con la simpleza de las calles desaseadas. con la hermosura indescifrable que tanto amamos. este abrazo perfecto y estas sonrisas amplias que se conocen, pueden, si los astros se confabulan, tener una sorpresa más para estos corazones...
miércoles, julio 14, 2010
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