me devoro una ciudad a pedaleos
me bifurco desesperanzado en el diamante perverso de la vieja capital
hay una oscuridad tatuada en las veredas
los trajes de la fruta de estación visten el calor que consume el frío de los olvidados
acompaño con la mirada el primer brindis del atardecer dramático de los solitarios
un estallido ocular hacia los cités y las luminarias reventadas por la ausencia de futuro
y en el ejercicio de darle la espalda a las amenazas
tengo fragmentos de certezas que me hacen sonreír
voy a secarme el sudor de una horda furiosa de proletarios
atravesando las décadas
apagando las últimas velas
y ordenando sin palabras la última resaca planetaria
combatida con la utopía marítima
la línea divisoria ya no me intimida
me acerqué a la ventanilla y pude verlos
tengo rodeada tu cintura
y puedes dejar escapar tus sueños sobre mi pecho cansado
sentí en tus nudos
la articulación perfecta de los parpadeos universales
y una ruda inexistente juntó nuestras manos
voy avanzando primero
contando luces y ahorrando
la destripada mañana de los comunes
se alimenta y limpia con la prensa
mientras yo devorado, vomito, respiro
y vuelvo a depositar mis vísceras
allanadas despiadadamente
la normalidad a dentelladas
nosotros en la clandestinidad de las sábanas
una canción sin lennon
la bifocalidad liberal que vislumbra el desconcierto eterno
de las aves que emigran
exiliadas
mientras en los autos vuelve a escribirse con mierda
el apocalipsis roedor
que surca los suelos
tropezando infinitamente con la raza
con los cercos
y la humedad
de tu cuerpo me salva esta noche
mañana, mañana, mañana
ya veré como
martes, junio 08, 2010
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