¡Marchad viejos corazones de marineros! ¡Qué importa la patria! ¡Queremos hacernos a la vela hacia allá lejos, hacia el país de nuestros hijos; a través de la inmensidad! Allá lejos se agita-más fogoso que el mar-nuestro gran deseo.
Nietzsche
en ninguna ciudad la sombra de los arboles cae sobre las veredas como lo hace en ésta. venía por sol y arena. pero un cambio de planes violento. me quedé aquí, como hace años no lo hacía. me enredé en su cotidianidad, de amigos, cerveza y música. tomar la guitarra y atravesar la ciudad para encerrarnos en alguna casa a tocar viejas y nuevas canciones. volver a los roles de antes para darnos la oportunidad de tener presente.
y acá el flujo de las palabras es tan intenso, que no puedo escribir. las caras, las manos, la mirada. la urgencia de ideas, de emociones que van de los bares a la calle y rematan en el mercado algún amanecer. porque para nosotros el sol no emerge tras la cordillera ni se esconde en el mar. acá las referencias no son aquellos cordones montañosos que maldecía y glorificaba Nicanor. lo nuestro es la depresión intermedia. acá el amanecer está en la cuadriculada expansión de rectas. acá el sol aparece tras los puestos de cebollas, choclos y sandías. acá saludamos el amanecer con vino con harina, hablando de fútbol con viejos que toman "especiales" de aguardiente y vino.
entonces, fuimos nuevamente. y montamos la vieja máquina creativa. ahora sabíamos lo que había que hacer. ahora teníamos más razón y cientos de venas. el corazón estaba feliz de sentirse acompañado. te tiré una nota y devolviste miles. nos reímos de todo. buscamos en la poesía irónica que fundó nuestras vidas; establecimos un puente incorrecto hacia universos inexplorados. somos el arrojo desafiante del cosmo olvidado. no sé tocar guitarra, tampoco sé cantar, pero decimos y estamos radicalmente en el mundo llamado arte. crear es un desenfado sin límites. en esta ciudad el sentido viaja con la velocidad adecuada. aquí no nos atrapa la angustia ni la extensión irracional de los poderes que segrega despiadadamente a seres humanos a vivir en la miseria.
no es el paraíso. ni la copia ni nada. tampoco el terrenal. odio la perfección y lo definitivo. simplemente es el momento adecuado en un contexto asumible. abordable la vida y la muerte; la miseria y la solidaridad.
no quiero la salvación, aunque a veces siento que la música me salva. autodidacto. autosalvado. antiparaíso. vida. existencia. hacernos fuertes, más fuertes y preciosos. en el ego la virtud, como pensaba un bigotón. acá vamos nuevamente. quiero estar. quiero estar con ustedes. que esto no se detenga. que el verano no sea un espejismo. que sea utopía acariciable. que este brindis inaugure momentos bellos, pasajes a la libertad. identidad iconoclasta de una ciudad del sur. que los viejos disfrazados de jóvenes y sus padres nos odien por el ruido y por la melodía honesta. que envidien nuestra química, esa que hace explotar ideas, que amenaza la paz de su asepsia. que les recuerda que el engranaje oculto sigue girando, desatando alegrías, nuevas formas de relacionarnos. nuevos horizontes. revolucionar la vida. sin tener que morir para ver los cambios. sin mártires, con amor. con memoria. comprendiendo y desafiando. comiendo sopaipillas y dejando que el viento norte acaricie nuestros rostros, al abrigarnos sonrientes cuando cae la tarde por allá donde se pierde el Estero las Toscas.
sábado, febrero 20, 2010
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