miércoles, septiembre 16, 2009

no más

doblé por Puente. la plaza de armas brilla por las noches. y el brillo viene desde el suelo. sí, los focos. pero el brillo yo lo veo desde el suelo.
es un plateado enorme. ya no es la plaza de antes, por la que corrí y en la que me fotografié cuando pequeño.
miro alrededor. todos los edificios que la circundan permanecen incólumes. ojalá por siempre. ojalá hasta que me muera, que es mi siempre al menos.
tuve un bolso de Condorito. mi madre me lo compró en esa galería. es la que da a la plaza, paralelo al paseo philips. justo al frente de donde tocan las bandas o juegan ajedrez los jubilados y los jóvenes.
mi madre me compró ese bolso y me hizo feliz, aunque no fuera muy funcional y terminara como receptáculo de ropa sucia.
debe haber sido a principio de los 80. entonces, mientras atravieso la plaza, pienso en cuándo debió haber llegado. y por los cálculos realizados en esa cuadra, debió haber dicho algo como: es 1974 me iré a Santiago. es 1975, invierno, soy madre.
y ese bolso en mis manos un otoño de 1980.
ahora cruzo hacia un edificio enorme, tremendo, hermoso. pienso en aquel arquitecto que a fines del siglo XIX se sumaba a la humanidad y que durante la primera mitad del siglo XX imaginó los rincones en los que duermo, me emborracho, escribo, río, copulo y canto.
qué habrá pensado mi madre el día que me compró ese bolso. cómo se habrá sentido. la plata habrá sido problema. quién vivía en este departamento y ocupaba mi habitación. era esto una habitación?. soy yo un ser humano?, soy igual que el que ocupó este lugar?
yo miro por la ventana. ¿habrá sido importante la ventana para aquel sujeto?
y hay un secreto tras una pequeña puerta. una mujer intentó abrirla después de que tuvimos sexo muchas veces, desenfrenadamente. volvía del baño e intentaba abrir esa puertecilla a mis espaldas.
pero no. no pienso hacerlo todavía. resulta que ahora, mientras escribo, miro de reojo la puerta, tiene marcas de dedos interviniendo su clausura. estoy bebiendo una cerveza. en la ventana un festival de luces. santiago es hermoso de noche. mi padre me lo dijo una vez.
una vez me traje a una morena preciosa que me topé en el ascensor. dicen que este arquitecto impregnaba humor a sus espacios. ella vino sin problemas. entre a la fiesta del vecino y tenía un cuarto oscuro. volví de esa fiesta con la morena pero sólo pensaba en las chicas que quedaban bailando.
pienso ahora en lo que comeré al desayuno. estoy algo bebido. quiero terminar este texo pronto.
mi madre volvió a Chillán a principios de los 80 y dejó este mundo a mitad de la primera década del siglo XXI. nada cambió en ella. siguió representándose el mundo de la misma manera. fractura. depresión. es un quiebre, es un trauma.
estoy llegando a mi depto. hay unos tipos acelerados esperando entrar. desde los bares sólo sale felicidad. sé que no habrá nadie en casa.
sabía que terminaría escribiendo esto. mañana comienzan otras fiestas patrias. y yo. y tú. no sé exactamente. sé que mi madre, sé que un arquitecto. sé que no hay nada claro. sé que quiero oscurecerlo todo.
ven a cantar una de esas canciones. quiero pipeño. vamos, sigue cantando. yo me las sé o yo las recuerdo todavía.
cuando hay vida, siempre es todavía. aunque sea un engaño.
muerto. muerto.
seguiré riendo.

No hay comentarios.: