miércoles, mayo 05, 2010

la vida nos anduvo rondando

alguna vez creí en el amor romántico. alguna vez odié los consejos de los grandes. mi corazón y mis ojos buscaron. anduve caminando el mundo, pensando que estaba allí desde antes. nunca creí en princesas y príncipes, pero me encandilé un par de veces.
enceguecido y triste, marcado por el invierno en que nací, caminé las veredas de una depresión intermedia. vamos por ancho camino, dijo víctor. me enfrié camino a la escuela. escribí pensando en ella.
canté otra vida, pude patear las vitrinas. cayeron a mi lado los pedazos del viejo regimen. pero el amor a la vida, era amor a la vida. los amigos y las copas.
alguna vez creí en el amor romántico, de ese bucólico a ratos. predefinida la suerte. alguna vez las cosas funcionaron, pero murieron en la isla menos pensada.
alguna vez abandoné la utopía. me deshice de aquellas vestimentas. arrojé por la borda el calzado inmemorable y recogí el rasgado vestido de las musas.
con aquellos restos me hice un peinado y me subí el cuello para volver a las calles. silbé nuevas melodías, descorazonado. me topé con su sonrisa una noche endemoniada. huí al poco tiempo sin saber como cerrar sin despertarla.
después conocí al lumpen del amor. también a la vieja historia de administraciones y cálculos. tan nociva como la aldea voluntarista, tan despiadado como el desengaño. ambos árboles cubrieron el camino. ni canciones ni indiferencias. ni la total ensoñación, ni la árida estrategia.
me volví un poco, ese lumpen del corazón. pero una tarde reconocí desde mi ventana a un tipo en el parque y mil ojos en el cerro. fue suficiente para asaltar las mañanas y desprenderme de relatos, de pesos y cruces. fui las amontoné y volví a la madrugada.
esta vez el escenario suicida me entregaba la respuesta. los ciclos. los orígenes y sus pasajes de vuelta y de ida regalados, refechados; los vagones rediseñados y el caleidoscopio reutilizado para un corazón que no puede renunciar a la pasión.
sin renunciar, pero sin regalarme. desde las azoteas pero pensando en la vida. sin vértigo, sin el pavimento amenazando. el suelo y el cielo en mi horizonte mis párpados, sus mejillas y su frente.
puedo mirar en perspectiva. un aleph improvisado. vienes y voy. quitémonos todo. desnudemos los flujos, emergencia de sintaxis; cataclismos en los cuellos.
alguna vez escribí en papeles cuadriculados, allá a kilómetros por la cuadrícula. alguna vez lloré en una cama, que ubicada en aquella esquina, podía cortar en diagonal hacia el nororiente para depositar la semilla mágica que brotaría con los años...no fácil, no directa, sin las bondades de fertilizantes y privilegios solares. sino con la melodía hídrica de voces y cantos de sirenas desterradas. allí cerca de una plaza, cobijada por árboles y calles con adoquines...como si esa manzana fuera una gran plaza inexistente. en un salto desenfadado, voy a tu encuentro para quedarme, para que nos vayamos, para caer en tu espalda infinita, para abrirme paso entre tus pasos...para que creer no sea ni ceguera, para amar los procesos, por sobretodo los procesos, insospechados y libres como nuestras bocas, como nuestros pechos...

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