un verano fatal, no cabe duda...había un cuerpo extraño en mí.
algo que no había que despertar. atreverse era un desafío a la muerte, a la soledad, al olvido.
el calor y las picaduras de una inusual invasión de zancudos eran la señal terrible.
yo venía con calma por la avenida.
vendí mi bicicleta. conseguí algo para escuchar mis discos. volví a sentir rabia una mañana frente a los diarios.
es comala, pero es santiago. hablo con los muertos porque sé el idioma de los sepulcros. no puedo abrir las ventanas. un ventilador y sin polera para escribir sin mayores esperanzas acerca de la escasez de esperanzas.
sudo porque soy sudamericano. miro por la ventana al parque porque estoy solo. comeré mañana lo mismo que hoy. la confusión o el miedo me hacen ver malo.
quisiera sacarme la piel.
voy a escuchar la música que he grabado. voy a pedir una copa en la próxima esquina.
veo gente que se parece a mi pasado.
no veo a los que me quieren, no veo a los que me quisieron.
sería bueno, tal vez, ir a la costa. emboarracharse como de costumbre. sentir frío y sueño-
prender fuego con fósforos
fui en busca de nuevas sensaciones
he cosido mal mi bolsa de equipaje
porque se que lo que arroje dentro, pesará o se perderá dejándome el dolor o la duda
un verano, unas palabras parecudas al invierno
rojo
como canciones soviéticas, como fiestas vascas, como el vino en la cara sureña
como los pechos no televizados de los mapuche
voy a buscar algo al refri
quiero dormir bien una noche
mañana comeré lo mismo que hoy
jueves, enero 15, 2009
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