Puedo como hoy levantarme después de una noche terrible. Puedo hacerlo después de dormir sólo las primeras horas de luz. Y aún así, salgo a estas calles y estoy como en casa. Esa plaza es el hall de mi morada; esa avenida el pasillo a mi pieza; esa esquina con ventanales y mesas en exhibición, la mejor parte de mi cocina o mi comedor.
Nunca me pierdo en estas calles, aunque mi vida vaya a cualquier sitio. Nunca me pierdo aunque mi vida se haya ido de copas sin mí.
Yo, mientras, saboreo un sandwich en el mercado y bebo el resto del café caminando por los pasajes repletos de gente que va alguna parte donde no existen autos, ni avenidas ni bares.
Nunca me pierdo y espero, la verdad, encontrarme algún día. El nanchy, un flaco que no sabemos si de drogo o de "loco", se buscaba todas las tardes en las calles del centro de Chillán. En una de esas se ubicó. Cuando lo vea, si es que aún existe, le pediré su receta.
Por ahora, debo disfrutar de esa manía exquisita de ir por las calles mirando a la gente. Tomar el ritmo que más me acomoda, lejos de los horarios de trabajo, lejos del smog y el ruido...y ojalá, de veras, un poco más cerca de quien fui...
sábado, agosto 13, 2005
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