lunes, agosto 22, 2005

canción de muerte...

fue hace un tiempo que escribí una canción. la imaginé cuando viajaba en una camioneta junto a mi madre, mi padrastro y mi hermanastro. una serie de pinos, todos iguales, nos regalaban su sombra. habían pasado un par de años de dolencias y trabajo duro para mi madre. aún no se acostumbraba a vivir en el campo, sola, sin sus amigas.
los versos fueron atesorados en mi frágil memoria. después de unas semanas era parte de una secuencia de acordes creadas por una banda que teníamos.
un par de meses y ella estaba hospitalizada y a punto de quedar inválida. nosotros, haciendo fechas, nos paramos en un escenario de stgo a tocar aquella canción, mientras un tumor se asomaba desde las entrañas de mi joven mamá.
tal ve fuede las pocas cosas que le dije a la distancia en nuestra relación tan especial.palabras lejanasde lo que realmente sentía, lejos de las barreras y las desconfianzas.
ahora han pasado 8 años de aquel concierto, como también se cumple un año de que fuimos a dejarla al cementerio de Chillán.
en estos días la he sentido cerca . ha estado en sueños de resacas, en sueños de buses, en señales extrañas.tengo un par de cosas más que hablan de ella, si aparece un libro que tengo en mente, tal vez conversemos nuevamente.el otro día se paseó por las gargantasde los que anduvieron por irarrázaval.
ahora voy a preparar ciertas noches para ver si en una de esas aparecealgo parecido a un espíritu o simplemente el recuerdode los buenos momentos que tuvo en su vida, y claro, los que alguna vez siendo muy niño compartí con ella en aquellos rincones de santiago.

sábado, agosto 13, 2005

nunca me pierdo

Puedo como hoy levantarme después de una noche terrible. Puedo hacerlo después de dormir sólo las primeras horas de luz. Y aún así, salgo a estas calles y estoy como en casa. Esa plaza es el hall de mi morada; esa avenida el pasillo a mi pieza; esa esquina con ventanales y mesas en exhibición, la mejor parte de mi cocina o mi comedor.
Nunca me pierdo en estas calles, aunque mi vida vaya a cualquier sitio. Nunca me pierdo aunque mi vida se haya ido de copas sin mí.
Yo, mientras, saboreo un sandwich en el mercado y bebo el resto del café caminando por los pasajes repletos de gente que va alguna parte donde no existen autos, ni avenidas ni bares.
Nunca me pierdo y espero, la verdad, encontrarme algún día. El nanchy, un flaco que no sabemos si de drogo o de "loco", se buscaba todas las tardes en las calles del centro de Chillán. En una de esas se ubicó. Cuando lo vea, si es que aún existe, le pediré su receta.
Por ahora, debo disfrutar de esa manía exquisita de ir por las calles mirando a la gente. Tomar el ritmo que más me acomoda, lejos de los horarios de trabajo, lejos del smog y el ruido...y ojalá, de veras, un poco más cerca de quien fui...