Hace dos años no descansaba un fin de semana. Y quiero decir descansar totalmente. Más allá de la jornada laboral quedaba la "tarea" placentera de visitar amigos, amigas, compañeros y claro, bares, fondas, discotecas, calles y casas.
Pero esta vez, iniciando mis vacaciones de invierno, me guardé. Nadie llamó y eso es bueno. No había sitio ni actividad que precisara de mi presencia. Hace tiempo no leía un día sábado en la cama. El frío de mierda obligaba a hacerlo. Escuché discos que había grabado hacía meses y me había hecho el tiempo pa escucharlos.
Hoy es uno de esos domingos increíbles. Santiago acariciado por el sol. Puedo ir al persa, visitar a cierta gente, beberme unos tragos vespertinos con mi padre y pensar en qué hacer con la limosna que el sistema del trabajo me da como premio a la labor educativa que desempeño.
Por suerte descubrí esta weá de blog, otro grito en el desierto de las serpientes escurridizas...
vuelvo por más veneno!
domingo, julio 17, 2005
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