ue esta semana. has tenido la
sensación de que te hubiese gustado hacer, decir, crear o pensar algo en el
mismo sentido y potencia que lo ha hecho otro u otra? algo parecido a cuando
piensas "debiera decir esto" o "ahora viene aquello".
imagina una película, una actuación, una declaración, esa canción que te
interpreta o la interpretación que te atrapa. eres tú y el otro. son ambos. no
hay mayor diferencia entre tú y quien está en el escenario. no eres espectador,
eres cómplice. una complicidad que no es casualidad. la instalación empática.
la sincronía perfecta.
a mí me pasa. en las micros,
en la calle, en los bares, haciendo clases, escuchando. y digamos que en el
gran espectro de emociones. puteando, alegrándonos, saboreando algo nuevo; con
la mirada perdida, cerrando los ojos y escuchando. en el grito.
esta semana me pasó. sí, hubo
plan. "tuve un flash". "algo que siempre está ahí". fue
González en la frontera del miércoles y Quinteros en el viernes; la frontera y
la bajada. ahí desde la cumbre hasta el vértigo y la planicie. estoy. vengo a
stgo. vengo a su primavera. siento verano.
me meto en mí. canto las
canciones que me encantaría haber cantado. en el Caupolicán: el comienzo con
Violeta; el set acústico que abría con 'Esas Mañanas'. la violencia dramática
de 'Estrechez de Corazón'. el 87 fui a la Casa del Deporte de Chillán y Los
Prisioneros volaron mi cabeza de 12 años: sabía lo que tenía que hacer porque
sentí que estaba en esas canciones y es más estaba en esa actitud. construí
desde ahí, desde ese desafío e irreverencia; amé esa sintaxis y esa estética.
los bototos, la mueca, el grito, el acorde directo, la rabia vendrían en unos
pocos años.
luego cada canción, cada
pequeño aplauso, cada silencio estuvo conectado con ese instante. cada vez que
tuve que estar allí en una banda o solo como Gato Extranjero, las voces, el
sudor, la adrenalina de aquella noche rodeada de policías que circundaban en el
escenario de aquel Chillán de dictadura.
ahora. adiviné algunas
canciones. pensé que pude haber hecho alguna de las canciones de Leo Quinteros,
que me hubiese gustado cantar Los Días Santos. que sabía que el final con La
Marca Oficial abriría una noche emocionante. tal vez me desbordo más y Leo es
más bien sobrio. pero logra conectarme con los momentos en el tren todos los
días, aquellos días infernales en que me tragué sus días santos, en que perdí
mis sábados arriesgando a perder mi vida. sí, sé que puede sonar a vodanovic.
en estos instantes la teletón comenzó y no me acordaba. tengo unas monedas en
el bolsillo y no puedo malgastar mis neuronas, las necesito, están dormidas,
medicadas.
fue en el Inpop, en ese
festival hace algunos años: "tenis una onda como Leo Quinteros" me
dijo un compadre. y pensé que ya había superado el fantasma González y que mi
mayor pecado fue perderme a Virus y que Federico Moura debiera estar en una
polera que me pintaría si todavía me dedicara a conseguir poleras lisas y
pintura para género.
existen vidas literales que
saben demasiado de lateralidad. dominan la capacidad de eludir. driblean por
temor. no se trata de ir fuerte y derecho. pero se trata de pisar firme para
elevarse cuando sea necesario; marcar cuando tengas que bailar; sostener cuando
vengan los golpes. no abandonar el escenario, volver una y otra vez como decía
bukowski, volver, insistir aunque te sigan golpeando, volver hasta cansar a tu
oponente, siempre regresar.
